La libertad de prensa como ejercicio colectivo: periodismo, democracia y nuevas voces

Hablar de libertad de prensa es mucho más que defender el derecho a informar o a acceder a información de calidad. Es defender el derecho de la ciudadanía a comprender sus realidades, a participar en ellas y a proyectar qué hacer para lograr futuros dignos para todas las personas. Es, en definitiva, proteger la democracia a partir de facilitar información desde otras miradas y plataformas, cercanas y representativas de las comunidades a las que van dirigidas. ¿Cómo se logra? Desde la construcción colectiva y con perspectiva social que nace de la tensión de un periodismo tradicional y las nuevas voces. Dos Fellows Ashoka están comprometidas con eso.

Persona escribiendo en un cuaderno

Una de ellas es Jazmín Acuña, periodista paraguaya y directora de El Surtidor, un medio de comunicación que nació de Facebook y que apuesta a estrategias multimedia para llegar a su público. Ejercer el periodismo con libertad en la Latinoamérica tiene dos dimensiones clave: hacerlo sin miedo, y hacerlo en un entorno donde se valore el rol social de los medios”, analiza. Y clarifica: “significa poder hacer este trabajo sin acoso, sin hostigamiento, sin criminalización. Y que haya actores que crean en la democracia, que comprendan que los medios son vitales para sostenerla”.

Desde su experiencia en una plataforma nativa digital, Acuña identifica las redes sociales como aliadas para romper con modelos unidireccionales de comunicación, y llevar a audiencias jóvenes y subrepresentadas. “Nuestro periodismo combina reportería rigurosa con imágenes potentes, memes y formatos pensados para compartir. Así democratizamos la comunicación y ofrecemos un espacio de pertenencia en medio del ruido informativo”, describió.

La irrupción de nuevos formatos y plataformas también facilitaron que más personas y colectivos narren sus realidades. Pero, ¿quiénes son las fuentes periodísticas tradicionalmente consultadas? “Para el periodismo tradicional, las organizaciones sociales siguen siendo invisibles”, consideró Alicia Cytrynblum, Fellow Ashoka, periodista argentina y fundadora de la organización Periodismo Social. Sin embargo, “con la accesibilidad técnica y económica de las multiplataformas, esas organizaciones empiezan a contar sus propias historias, sin pasar por el filtro de los medios hegemónicos”, analizó. Eso también es democratizar el acceso a la información.

El rol social de la libertad

En este terreno donde se escuchan nuevas voces y se disputa sentido con diferentes herramientas, el periodismo, “como casi todas las instituciones democráticas,  está en una profunda crisis”, entendió Cytrynblum. “Sin libertad de prensa nadie está a salvo. Y en este escenario, el periodismo social cumple un rol fundamental: amplía la pluralidad de voces, mejora la representatividad y fortalece la calidad democrática”, convocó.

Una mayor participación de mujeres y diversidades en los medios, así como narrar historias de vida para visibilizar pendientes y crisis y no para fortalecer los estereotipos son las grandes transformaciones que se impulsan desde las nuevas formas de ejercer una real libertad de prensa. “En este ecosistema de información que se caracteriza por la abundancia y no por la escasez, el rol del periodismo se está redefiniendo. Hoy su rol se trata más de orientar, de aliviar a la gente entre tanta saturación. Hay una gran oportunidad de ayudar a las personas a conectar con otras”, destacó Acuña.

Frente a este escenario, ambas Fellows son pioneras de un periodismo con conciencia social y perspectiva de derechos. Un periodismo que nutra su capacidad de escuchar y ver lo que sucede a diario en comunidades subrepresentadas y en organizaciones que aporten significativamente a sus territorios. Un periodismo que no se limite a informar, sino que acompañe, oriente, conecte. Que sea una herramienta clave para un mundo en el que muchas personas se comprometen con la transformación social.