Historia de Zoé Tapia

Reconocerse en el espejo 

Zoe Tapia

“Reconocerse en el espejo” es una frase que Zoé eligió para contarse la vida y para invitar a otras personas a contarse la suya. En esa imagen cabe su transición, su voz, su trabajo y su manera de mirar a quien tiene enfrente. Un espejo alcanza para ver un rostro. También alcanza para ensayar un trato distinto, de esos que cambian el día en la escuela, en la casa, en el transporte, en un encuentro con alguien diferente a ti.

Zoé creció en la periferia mexiquense y empezó su transición a los 12 años. Cursando la secundaria, enfrentó los primeros retos de la desinformación, de comentarios que buscan encoger a la gente y de trámites interminables. Zoé eligió explicar, abrir conversación e insistir en lo cotidiano. Pedir un baño seguro, nombrar pronombres, sostener la mirada cuando el ambiente se pone tenso. Lo que mueve todo, en su lenguaje, suena simple y exigente: "Significa mucho esta permanente inclusión..."

Zoé Tapia
Fuente: Zoé Tapia

Sin esperar las condiciones ideales, Zoé arma un espacio. Aprendiendo Juntes nace como taller escolar abierto a estudiantes, docentes y personal administrativo. Hay reglas para cuidar el ambiente, hablar desde el yo, sostener confidencialidad, practicar trato digno. Las sesiones empiezan con identidades y pronombres, siguen con rompehielos de derechos humanos y avanzan hacia contenidos situados, relaciones en adolescencia, cultura y memoria LGBT+, ejercicios vivenciales para recuperar cuerpo y voz, cierres reflexivos que fortalecen agencia y empatía. Lo distinto aparece en el detalle. Aprendiendo Juntes funciona en la escala del salón, con herramientas que caben en una mochila, con acuerdos que se prueban en tiempo real, con lenguaje que cualquiera puede aprender y repetir.

Zoé habla de comunidad sin volverla eslogan. “Cada comunidad tiene algo en específico”.  Y en su idea, comunidad significa gente que se reconoce, gente que se coordina, gente que se cuida sin convertir el cuidado en jerarquía, como en su familia. En su casa hay tareas, hay acuerdos, hay alguien que reparte responsabilidades para que el día funcione. Hay aceptación y cariño. Esa lógica luego viaja al taller. Alguien facilita, alguien acompaña, alguien sostiene el ritmo, alguien cuida el cierre. En Aprendiendo Juntes, el liderazgo se mueve de mano en mano, con nombre y con tarea.

La idea crece porque Zoé entiende que el equipo se parece más a una red que a una lista fija. De Aprendiendo Juntes emerge un grupo estudiantil mixto que pinta murales y organiza actividades. En otros frentes, Zoé se integra a las Comisiones Internas para la Igualdad de Género (CInIG) del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente de la UNAM, MUSAS de Metal, la Asociación para las Infancias Transgénero y la Red de Familias Trans. También trabaja con un crew pequeño de grabación y con un círculo creativo en la Facultad de Ciencias Sociales. Desde su familia, otra figura educativa deja huella. Su tía, maestra de Formación Cívica y Ética, incorpora actividades sobre banderas y diversidad sexual en el aula, un gesto que vuelve visible la capilaridad del trabajo, esa manera en la que una conversación se vuelve hábito, y el hábito se vuelve cultura.

Zoé Tapia
Fuente: Zoé Tapia

El cambio se nota en tres planos. En lo escolar, aparece un ecosistema de respeto básico que empieza por lo elemental, pronombres, trato, un baño neutro en su escuela. En lo comunitario, los contenidos digitales y los conversatorios detonan procesos de sensibilización en hogares y aulas. En lo simbólico, la presencia de juventudes trans en ferias del libro, foros académicos y medios locales reposiciona sus voces como protagonistas y productoras de conocimiento. Entre los logros que Zoé reconoce como colectivos están la primera revista impresa por y para juventudes trans presentada en la FILIJ, la participación en el impulso a la ley de identidad de género en CDMX para mayores de 12 años y el proyecto Miradas Trans con el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Todo eso suena grande, aunque nace de sesiones pequeñas donde alguien se atreve a decir su nombre con calma.

Entre todas estas vivencias, hay tarea de escuela, hay trayectos largos, hay desgaste y aun así Zoé comparte “Estoy muy feliz y estoy muy contento de vivir esta vida”.  La alegría aquí se siente como decisión diaria, una decisión que convive con trabajo, con exposición pública, con aprendizaje continuo. El taller se ajusta, los materiales se refinan, el equipo se reorganiza, el contenido se edita y se vuelve a grabar. La práctica de cambiar incluye equivocaciones, aunque Zoé pone el énfasis en lo que se rescata, en lo que se sostiene, en lo que se comparte para que otras personas lo usen.

Zoé Tapia
Fuente: Zoé Tapia

“Yo tengo mucha fe en la humanidad”.  Esa fe se vuelve argumento cuando habla de cómo la gente aprende a temer y también aprende a cuidar. “Yo sí creo en el bien del humano”.  Y lo aterriza en una frase que sirve para el taller, para la casa, para el transporte, para cualquier espacio donde alguien llega con el cuerpo tenso. “Todas las personas tenemos una bondad interior”.  Cambiar, en su visión, significa reconocer a la otra persona antes de juzgarla, abrir espacio personal, permitir que la adolescencia pase con menos soledad, habilitar conversaciones familiares que se habían quedado atoradas. Significa también hacer equipo, aprender a coordinarse, aceptar que la agencia se fortalece cuando se comparte.

Por eso el espejo vuelve una y otra vez. Está en el baño neutro que se inaugura, en el aula que aprende pronombres, en el celular que graba un video para redes sociales, en la revista impresa que alguien hojea en una feria del libro, en la mirada de una cuidadora que por fin encuentra palabras para acompañar mejor. Zoé lo dijo con una calma luminosa. “Es algo muy bonito el verte al espejo”.  Luego lo completa con la frase que funciona como cierre y como inicio. “Soy yo, soy yo y estoy orgulloso de lo que estoy viendo ahí”.  En ese orgullo se construye una intención para que todas las personas tengan un papel real. Hoy, hay un joven que aprendió a mirarse y decidió convertir esa mirada en plataforma de respeto. Cuando Zoé habla de futuro, el espejo deja de ser objeto. Reconocerse para reconocer. Sostener el reflejo propio para abrir espacio al reflejo colectivo.