El internet de la escuela se pone caprichoso. La imagen se congela, el audio se estira, vuelve y se acomoda. Milca cambia a los datos del teléfono y sigue. Así eran los días durante la pandemia: cuando la conectividad falla, el aprendizaje suele quedar en pausa. Ella lo vio en su entorno, en compañeras y compañeros que se alejaban de la escuela por razones que rebasaban su voluntad. Ahí aparece la chispa, sencilla y urgente: si la red digital se ausenta, la educación necesita otra forma de llegar.
Milca lo cuenta con frases que suenan a brújula. “Eso es lo que te impulsa a seguir trabajando. Siempre que tienes un objetivo en mente, el esfuerzo se ordena”. Para sostenerlo, hace falta algo que en su voz suena cotidiano y poderoso: “Ahí la imaginación tiene un rol muy grande”. La imaginación, para ella, se parece a una reserva que se cuida para tiempos difíciles. “Me encanta como las personas la van conservando a lo largo de sus vidas”. Esa manera de hablar del futuro explica por qué decidió actuar desde pequeña: el mundo cambia rápido y quien aprende a leer esos cambios también aprende a guiarlos.
Antes de que su iniciativa tuviera nombre, Milca ya miraba el mundo con atención. Le fascinaba ver series en familia. Le parecía “muy entretenido ver qué era lo que hacían otras personas”. Cuando en la adolescencia le preguntaban qué quería ser, su mente prefería responder con un proyecto, con un objetivo concreto. “cuando crezca quiero crear un filtro para el río”, dijo alguna vez pensando en un parque cerca de su casa. La frase suena a infancia y, al mismo tiempo, a una intuición de vida.
Esa intuición se volvió idea en el presente con Amoxtlic. Milca lidera una red de aplicaciones educativas offline first, complementada con talleres presenciales, pensada para niñas, niños y adolescentes en contextos de atención. Su diferencial cabe en una línea: descargar una vez, aprender muchas veces, incluso sin conexión. Amoxtlic acerca educación básica y, además, ofrece rutas de descubrimiento que buscan encender motivación intrínseca: STEM, educación ambiental, perspectiva de género, inglés y lenguas indígenas. La lógica es concreta. Primero, identificar intereses individuales. Luego, orientar la descarga de las apps y dejar disponibles videos y cuestionarios sin internet. Después, sumar acompañamiento humano mediante embajadores del conocimiento. Finalmente, activar talleres presenciales que aterrizan lo aprendido en mini proyectos comunitarios: huertos, riego automatizado, acciones de reciclaje. En el centro de todo, Milca insiste en la posibilidad de juntar piezas que suelen enseñarse separadas. “Estoy haciendo que las personas puedan hacer estas conexiones”, dice.
La red de Amoxtlic también es una red de personas porque nadie sostiene un cambio relevante en solitario. Milca construyó una comunidad de colaboradores que diseñan, graban y editan contenidos. El proyecto reporta alrededor de 300 videos y cerca de 200 donantes de contenido, entre docentes, científicos y estudiantes, además de alrededor de 50 embajadores que apoyan a distancia. Hay aliados institucionales que abren puertas: CONAFE y SMAOT han llevado las apps a alrededor de 20 escuelas y alrededor de 10 casas hogar en Guanajuato. En el corazón del equipo hay una decisión intencional: intergeneracionalidad y horizontalidad. Cuatro jóvenes, Valle, Andy, Emil y Milca, toman decisiones de forma compartida con el consejo de una mentora, Vianey. También invitan voces más pequeñas para probar relevancia por edad, por ejemplo Tirsa, de 13 años. Milca describe su rol en esa red con una frase que repite sin cansarse: “Siempre trato de involucrar a más personas”. Lo hace porque, cuando eso ocurre, ve un resultado inmediato que le importa: “esas personas se sienten muy motivadas y muy a gusto con lo que estamos haciendo”.
Ese tejido produce cambio en varios niveles. Hay un cambio directo: estudiantes que acceden a contenidos sin depender de una conexión estable. Hay un cambio de sentido: aprendizaje que se vuelve útil y cercano cuando termina en un proyecto visible en la comunidad. Hay un cambio cultural: la idea de que el conocimiento puede circular por más de una red, la digital y la humana, la escolar y la familiar, la del teléfono y la del barrio. En términos de alcance, el equipo estima alrededor de 2,000 personas alcanzadas. La cautela es parte de la honestidad del camino: medir bien toma tiempo y requiere acuerdos, aun así, las señales de avance se sienten en lo tangible, más contenidos listos, más acompañamiento disponible, más lugares donde el aprendizaje sigue cuando la señal falla.
Amoxtlic aprende a leer el entorno: cuando una puerta se cierra, se busca otra entrada y se reorganiza la red. Algunas articulaciones se han enfriado y eso ha llevado a cambiar su modelo de impacto a voluntariado y convocatorias abiertas, retos que frustran y al mismo tiempo abren paso a la imaginación e innovación.
El futuro aparece con la misma claridad con la que cambió de Wi Fi a datos en la entrevista. Milca visualiza a Amoxtlic como una organización más formal, con alcance nacional y regional. Imagina colaboraciones con la SEP para adaptar contenidos oficiales y usarlos como opción contingente ante barreras de transporte o desastres naturales, y también una implementación con CONAFE. Su horizonte tiene forma de red ampliada. Red como infraestructura digital para descargar. Red como comunidad de embajadores y donantes de contenido. Red como instituciones aliadas que facilitan llegada. Red como equipo que decide de forma compartida. Red como jóvenes que se contagian de agencia y empiezan a proponer cambios en su propio contexto.
“La vida va cambiando tanto”, dice Milca, y le pone nombre con cariño: “Mi mundo cambiante”. En ese mundo, adaptarse deja de ser una habilidad opcional y se vuelve parte del liderazgo. Adaptarse con el impulso de abrir espacio para que otras personas también se sientan capaces. Al final, cuando piensa en quienes leerán su historia, Milca vuelve a la red más importante, la humana. “sin importar lo que pase… siempre pueden encontrar a personas que los van a apoyar”. Milca ha experimentado lo que se siente al caminar acompañada: “estoy muy agradecida de ser parte de esta red”.