María -también le decimos “Lupita”- toma aire antes de iniciar la entrevista y elige una frase breve para ubicarse en el presente. “Me siento muy bendecida, agradecida con Dios, con las personas que han caminado cerca”. Dice que se siente muy feliz porque muchos de los sueños de una Lupita de 6 años hoy ya se cumplieron.
“Yo considero que todas las personas tenemos un lado extraordinario”, dice, y lo dice sin jerarquías, como quien abre una puerta: cada quien, en áreas distintas, cada uno con su propio ritmo. “Siempre que algo me llama la atención, pues lo intento”. El cambio, para ella, empieza al mirar e intentar.
En su infancia hay una escena que explica su atención al detalle. Habla de su abuelita viviendo en “una ranchería” con “mucha, mucha tierra, muchos árboles”, de animales alrededor, de arcoíris, de lluvia golpeando el techo. En medio de ese paisaje suelta una imagen que se queda trabajando por dentro: “yo tenía una ciudad hormiga”. La ciudad de hormigas le enseñó algo útil: una estructura grande se sostiene con rutas pequeñas, con coordinación, con constancia. Una hormiga sola parece mínima. En conjunto, construyen dirección.
Esa lógica se parece a su idea en el presente. Su iniciativa se llama Hacia un Modelo Educativo Innovador: fomentando la cultura emprendedora y científica, dentro del subsistema DGETI para Educación Media Superior. Nació como respuesta a la caída de participación en su CBTis 93 donde el talento con ganas se quedaba con ideas sin ruta, estudiantes con proyectos en mente sin acompañamiento.
Hoy su iniciativa funciona como metodología práctica para elevar la participación de estudiantes en concursos como Infomatrix, Robomatrix y Expociencias, fortalecer su confianza y crear referentes locales. En la operación cotidiana, María acompaña a estudiantes en el armado de informes y prototipos, entrena oratoria, abre rutas de participación. Su diferenciador se nota en el tono: guía sin imponer, adapta al contexto, prioriza que el estudiante se sienta capaz de sostener su idea con argumentos y voz propia.
Detrás de su trabajo hay un equipo real, con roles claros, a veces invisibles desde fuera. Cuando María habla de aliados, empieza por casa. “Mi mamá fue mi principal impulsora”, dice, y explica por qué: la admiración viene de verla decidir dedicar su vida a sus hijos y sostener un acompañamiento constante. Recuerda ensayos desde muy pequeña, prácticas para hablar en público, concursos donde la preparación se hacía con método. Su madre ha estado allí cuando hay celebración y cuando un resultado “pega en lo anímico”.
En su iniciativa, colabora con padres, docentes, pares que ya compitieron y ahora se vuelven mentores. María insiste en una idea que conecta familia y escuela: “los padres son fundamentales”. Y lo sostiene con un caso paralelo que también construyó: el club de ajedrez afiliado a la Federación, el primero de su municipio. María lo usa para explicar el rol de los adultos en el cambio: una inquietud infantil crece cuando alguien la toma en serio, le da estructura y le abre camino.
El cambio que logra con su iniciativa se nota en resultados sencillos de decir y difíciles de producir. Su plantel pasó de 3 a casi 40 estudiantes participantes y entre 15 y 17 proyectos en eliminatorias internas. También se reporta que directivos que escucharon su propuesta impulsaron clubes de ciencia en otros CBTis. Su trabajo se presentó y fue bien recibido en la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología 2024, en foros para la formulación del Plan Estatal de Desarrollo 2024–2030 en Tabasco y del Plan Nacional de Desarrollo 2025–2030, y en el Congreso Nacional de Educación, Aprendizaje y Neurociencias 2025 en Hidalgo. En 2024, en Boca del Río, y en 2025, en Pachuca, recibió el reconocimiento Alumno Investigador DGETI . Su trayectoria incluye proyección global con presentación en Paraguay, medalla de plata en la Olimpiada Internacional Juvenil de Ciencias VANDA y su más reciente viaje a China como participante internacional en el mismo concurso.
Ese recorrido también tiene obstáculos, y María los cuenta sin maquillaje. Uno de los más marcados ocurrió en el Concurso Nacional de Prototipos. Participó en 2024 con la sensación de haber dado “el 100%” y sin “cabos sueltos”. Llegó a la etapa nacional, con expectativas altas alrededor de su proyecto, y recuerda una frase que le quedó resonando el día de la premiación: “preparen las cámaras”. Esa frase condensó confianza externa, presión, mirada pública. El resultado final no la colocó donde esperaba y ella lo nombra con honestidad: “lastimosamente en esa ocasión no logré posicionarme”. La lección fue clara: el cambio real incluye intentar, fallar, seguir intentando. Este contratiempo se volvió decisión de entrenamiento, una voluntad de mejorar lo que hace y de acompañar mejor a otros.
“Siempre siempre hay algo que podemos hacer para cambiar al mundo, siempre hay algo que podemos hacer para inspirar a más personas”.
La ciudad de hormigas vuelve entonces como síntesis sobria. María aprendió temprano que lo grande se construye con rutas pequeñas. Hoy convierte esa intuición en metodología: acompaña, organiza, abre caminos, forma mentores, mide avances, piensa en replicación. Y cuando una estudiante se anima a presentar su primer proyecto, la escena se parece a la infancia en la ranchería: alguien encuentra una ruta y la comparte para que otros también lleguen.