En la mente de Jenifer, el mundo a veces se entiende mejor con una gráfica. Habla de mediciones, de una línea que avanza parejita. Y luego se detiene en lo que rompe el patrón. “Para mí algo extraordinario es lo que se sale de la media. Ese punto raro que puede verse fuera de lugar o puede encender algo en quienes lo miran.
Con esa idea, Jenifer mira el problema que la ocupa desde hace años, el acceso real de las juventudes a educación, redes y trayectorias en un sector que está creciendo rápido en México y Latinoamérica…El hidrógeno verde: un eco-combustible a base de agua.
La chispa nace del momento en que la ciencia deja de ser ejercicio interno y toca la vida cotidiana. Jenifer lo explica desde lo práctico. “Cuando ya le quieres dar esa tecnología a la gente.” Ahí aparece la empatía como parte del método. “Es muy importante ir a hablar con los usuarios.” Escuchar hábitos, razones, cultura, ritmos. Y desde ahí diseñar. “Teniendo a las personas en el centro.” En su forma de verlo, el problema importa porque una solución energética puede fallar, aunque sea brillante en laboratorio, si llega sin conversación, sin comprensión del contexto, sin respeto por el mundo real. Y porque, incluso cuando la tecnología funciona, sigue faltando lo que a ella le obsesiona, que existan rutas para que más juventudes puedan participar de esa revolución tecnológica desde dentro, con formación, mentoría y comunidad.
El punto fuera de la media también es ella, aunque le cueste decirlo. Habla de cómo el pasado se volvió motor. Y de cómo esa sensibilidad se traduce en acción, en ganas de empujar un futuro distinto, en energía para sostener una visión cuando el camino se vuelve pesado. “En la canción de mi corazón”, comparte.
“¿Qué podría hacer yo para catalizar la revolución del hidrógeno de mi estado Baja California Sur?” después de haber participado en el Rise Residential Summit en Oxford, esta pregunta hizo posible la creación de la RedJIH, la Red de Jóvenes Innovadores en Hidrógeno, junto con algunos de sus amigos que comparten su pasión para ampliar la participación y liderazgo de más jóvenes en México y América Latina en el ecosistema del hidrógeno limpio.
RedJIH ha impactado a más de 10,700 personas con eventos de divulgación científica. Cuentan con actividades presenciales en Baja California Sur y Michoacán. Conectan a jóvenes con expertos de la academia e industria para recibir mentorías. Colaboraron con Clubes de Ciencia México para traer a La Paz cursos gratis con el hidrógeno en su currícula impartidos por investigadores jóvenes de universidades como el IPN, UT Austin y Stanford. Cuentan con una red de 52 miembros y un equipo núcleo de cinco personas, quiénes desarrollan prototipos educativos, crean contenido digital, organizan webinars en línea, hacen entrevistas para el mapeo sistemático de problemáticas y sesiones de cocreación para idear proyectos y forjan colaboraciones estratégicas con organizaciones como la Sociedad Mexicana del Hidrógeno (SMH) y la Asociación Mexicana de Hidrógeno y Transformación Energética (H2México). Actualmente están desarrollando junto con el Laboratorio Nacional CONAHCYT en Tecnologías del Hidrógeno (LANH2) un proyecto llamado “Tecnologías del Hidrógeno en el Aula” donde están diseñando un curso personalizado para docentes de Baja California Sur.
En su historia, la idea crece porque aprende a volverse equipo. Hay aliados tempranos y aliados que sostienen. Experiencias que la empujan a madurar, programas y comunidades que la ven en potencia, como Three Dot Dash de We Are Family Foundation, y encuentros internacionales que le amplían lenguaje y horizonte, como el Just Peace Summit en Suecia. Aliados nacionales e internacionales que amplifican ejecución y validan técnicamente: COSHCYTI BCS, Ashoka MCC, Centro de Energías Renovables y Calidad Ambiental (CERCA), Total Energy, H2V2 México, Movimiento STEM+, Empowoment, beVisioneers: The Mercedes-Benz, Adelan Technologies, entre otros.
Para Jenifer, generar cambio se parece a intentar, fallar y volver a intentar con mejores preguntas. Una vez fue cuestionada frente al público y cada pregunta que iba escuchando le ocasionaba un nudo en la garganta. “Mi identidad como líder se fragmentó en mil pedacitos.” En su lectura, el golpe dolió tanto porque había fusionado su identidad con el proyecto. Jenifer era hidrógeno, Jenifer era RedJIH. Separar eso fue un aprendizaje estructural, a nivel personal y organizativo. Identificó errores técnicos y humanos, falta de prototipado y comunicación poco ajustada al público. Y salió de ahí con una decisión silenciosa, profesionalizar la operación y abrir espacio para que el liderazgo se comparta. “Los pendientes salen sin que yo esté y eso me da mucha paz.”
También aparece el apoyo invisible, el trabajo terapéutico y aparece una raíz emocional poderosa: el deseo de honrar la historia de resiliencia intergeneracional de su abuelita, quien en paz descanse.
Jenifer vive la transformación desde la ciencia, desde la comunidad y desde el lenguaje del hidrógeno. “El agua tiene que ser destruida para convertirse en hidrógeno.” Habla de electrólisis, de catalizadores, de materiales compatibles. Y aterriza el aprendizaje en una frase que le queda a la organización y le queda a su vida. “Se cataliza el cambio.”
Con de RedJIH más personas jóvenes comienzan a ser tomadas en serio por tomadores de decisión del sector. Parte de esos avances se reporta desde el propio equipo y se sigue fortaleciendo con evidencia y aprendizaje. Para muchas juventudes, RedJIH se vuelve el primer contacto real con una trayectoria STEM. En paralelo, la idea inspira de una manera menos ruidosa y más profunda, al mostrar que el liderazgo puede ser un oficio colectivo, no una hazaña individual.
Hacia adelante, su visión combina planes concretos y una identidad en movimiento. La creación de una hoja de ruta con impacto sistémico sobre aceptación social del H2 e inclusión de vocerías juveniles en la agenda nacional, consolidar capítulos en México y Latinoamérica con células locales, creación de “internships” para estudiantes en colaboración con empresas de hidrógeno nacionales e internacionales, impulsar un estudio nacional sobre aceptación social del H2 y agencia juvenil, crear mecanismos formales para incluir voces jóvenes en espacios de decisión. Y, al mismo tiempo, sostener la capacidad de adaptarse, sin perder el hilo del propósito. Ella lo dice con una mezcla de curiosidad y calma. “Estoy transicionando.” Luego vuelve a la idea de la media, de los puntos raros, de lo extraordinario. Ese punto fuera de la media, en su historia, deja de ser una excepción solitaria. Empieza a parecerse a una red que aprende, se equivoca, se reorganiza y avanza, con método, y con una canción interna que llega a más corazones marcando el ritmo del cambio.