Cuidar en red: el compromiso de Ambiente Sur en la Patagonia Austral

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Source: Ashoka MCC

En la Patagonia Austral, donde el viento moldea tanto el paisaje como el carácter de quienes lo habitan, Germán Montero lleva más de 25 años construyendo una forma particular de proteger la naturaleza: desde la educación ambiental y la perspectiva comunitaria, impulsa el armado de redes que velen por el equilibrio de los ecosistemas naturales y la preservación de su riqueza. Como director de la Asociación Ambiente Sur y Fellow Ashoka de Argentina, entiende que la conservación duradera requiere de participación ciudadana y de la articulación entre los actores clave de un territorio.

 

Entender el cuidado del medioambiente requiere de pensarlo como el sitio donde las personas desarrollan sus actividades cotidianas, en lugar de algo externo. Identificar esa proximidad impulsa que vecinas y vecinos de un lugar se involucren en el cuidado del aire, el agua o distintas especies naturales clave. De allí, el valor de uno de los proyectos que impulsa Ambiente Sur: conformar reservas naturales urbanas en distintos puntos de la Patagonia, que funcionan como áreas protegidas dentro o en los bordes de los centros poblados y que, desde esa identificación de proximidad, tiene valor estratégico y hasta afectivo para las comunidades.

 

El proceso de constitución de cada reserva es, en sí mismo, una herramienta de organización: poner en marcha espacios de educación ambiental, conversar con las y los residentes, juntar firmas, dialogar con organismos públicos que intervienen en las políticas de preservación. Ese modelo inició en 2004 en Río Gallegos y se llevó a cabo en Río Grande, Ushuaia, Puerto Santa Cruz y El Chaltén, y en la actualidad avanza en Puerto San Julián. 

 

“Identificamos que esta combinación de conservación de ambientes locales con actividades de sensibilización y participación ciudadana es una buena manera de lograr un mejor vínculo de estas comunidades con la naturaleza", explicó Montero. Si convocar y aunar funciona, entonces esa propuesta es escalable. 

 

Justamente, de esa experiencia local deviene otra estrategia que consideran necesaria para la protección natural a lo largo de los años, más allá de decisiones políticas puntuales, que es construir redes de organizaciones y ambientalistas que impulsan reservas naturales urbanas en distintos puntos del mapa. Hace 20 años, existe una red de reservas naturales urbanas de la Patagonia que incluye organizaciones de Argentina y Chile, dentro de las que se encuentra Ambiente Sur.

 

"La red es solo de organizaciones no guberamentales, un poco para dar continuidad ante cambios de funcionarios o gestiones", planteó el Fellow. De fondo, se busca la “buena gobernanza”, que obedece a una articulación dinámica de responsabilidades y responsabilidades de municipios, gobiernos provinciales, Parques Nacionales y otros actores fundamentales.

 

"Se trata de alcanzar acuerdos interinstitucionales hacia el logro de un objetivo común", definió, que en lo concreto tiene que ver con “salir a hacer un monitoreo, identificar qué especie proteger en determinado lugar, qué actividad hacer, a quiénes sumar, como a los pescadores artesanales de un lugar”, entre otras acciones, tanto de gestión pública como de prácticas sociales, culturales y comerciales de cada lugar, detalló Montero.

 

En este contexto, cobra importancia la participación de actores como la Red en la agenda ambiental y social de Argentina. Por ejemplo, frente al reciente debate sobre la Ley de Glaciares, son parte de la campaña nacional de difusión de los efectos negativos que puede tener sobre los ecosistemas y la biodiversidad carecer de una política nacional de protección de los recursos acuíferos. 

 

Las aves como termómetro de la salud del ecosistema

 

Si conservar es conocer el ambiente, Ambiente Sur eligió las aves de la región como informantes clave del estado de conservación de los ambientes, y de qué cambios se generaron por la intervención humana. “Las aves son buenas mensajeras. Son indicadoras de la salud de los ambientes: cuando hay un deterioro, cuando algo está pasando, son las primeras que nos dan una señal”, resaltó. Por ejemplo, observar la disminución poblacional del playero rojizo en la zona austral permitió detectar que había una disminución en la costa este de Estados Unidos del cangrejo del que se alimentan en su ruta migratoria , como consecuencia de la sobrepesca.

 

"Como organizaciones de la sociedad civil somos catalizadores de espacios que articulan esto, porque los ecosistemas son más amplios que las fronteras", planteó. La organización en defensa de algunas especies también es binacional, como el chorlito ceniciento, una especie amenazada que es protegida por la “Alianza por la Estepa”, impulsada por Ambiente Sur y que incluye a pares de Chile como el Centro de Rehabilitación de Aves Leñadura (CRAL).

Redes para multiplicar

Ser parte de la red Ashoka potenció en Montero algo que desde Ambiente Sur ya practicaba: "Encontrarse con otros, compartir y, sobre todo, salirse de lo diario de uno es enriquecedor". Esa estrategia de compartir miradas para construir caminos comunes es parte de la forma de mirar la incidencia, “no solo a partir de conversar con quienes trabajan temas ambientales, sino desde la diversidad de las cosas”, señaló.

La educación ambiental, la promoción de la participación ciudadana y la alianza con otras organizaciones y actores sociales y políticos para la conservación de la biodiversidad son acciones que se desprenden de esa forma de leer la manera de trabajar en red. "La participación ciudadana es con todos. La inclusión es fundamental en esto", subrayó.

Tras más de 25 años de trabajo -y la convicción de ir por más- lo que Montero y la organización social que integra aprendieron es que tender lazos y cuidar lo que está cerca es la base para caminar hacia un futuro posible desde un presente de cuidado en red. Porque ese camino se recorre mejor cuando se aúnan voluntades..