Historia de Alan Sorola
Alan Sorola tenía solo 10 años cuando se dio cuenta del serio problema de salud mental en la juventud. Desde pequeño, había vivido situaciones que impactaban su bienestar emocional. Su curiosidad innata por entender el comportamiento humano lo llevó a reflexionar sobre estas experiencias. Aun así, no comprendía completamente cómo lo afectaban. A medida que pasaron los años, ignorar estas situaciones tuvo un efecto acumulativo en su salud mental, manifestándose incluso en consecuencias físicas.
Al crecer y formar amistades, se dio cuenta de que no todos tenían las herramientas necesarias para afrontar los desafíos emocionales. Entonces comprendió la magnitud del problema. La falta de información accesible y de calidad sobre el bienestar mental estaban afectando directamente a las personas jóvenes, provocando consecuencias físicas derivadas del propio deterioro emocional.
Decidido a hacer algo al respecto, Alan se sumergió en aprender sobre psicología. Comenzó a desarrollar estrategias para cuidar su propia salud mental y ayudar a otros que se encontraran en situaciones similares. Se convirtió en un confidente para aquellos que necesitaban apoyo emocional y compartió sus conocimientos con otros jóvenes. Esta conciencia se agudizó durante la pandemia por COVID-19, donde observó que tanto amigos como conocidos, e incluso personas en las redes sociales, experimentaban dificultades similares.
Alan y su mejor amiga, Jenny, siempre habían compartido una pasión por la ciencia y la psicología. Durante el verano de 2022, Jenny le contó a Alan sobre una iniciativa que había comenzado. Decidieron unir fuerzas y así comenzaron a trabajar juntos, dando origen a lo que hoy es Científicamente Feliz.
El objetivo de esta iniciativa es desarrollar habilidades y hábitos saludables que promuevan el bienestar emocional y mental en la juventud. Lo consiguen promoviendo la participación a través de un programa de embajadores interesados y capacitados en contribuir al bienestar de los demás, buscando así crear un espacio seguro y comprensivo donde la juventud pueda expresarse libremente. A través de esta estrategia, Científicamente feliz ha impactado a más de 2700 jóvenes mediante sesiones educativas y actividades en planteles educativos, como la Preparatoria número 7 de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) el CECATI 192 y las Preparatorias Politécnicas UDEM.
Comprometido con el cambio social, encontró en su experiencia personal y en su trabajo con Científicamente Feliz una forma de inspirar a los jóvenes y construir un futuro más saludable y feliz para todos.
A pesar de los desafíos que Alan enfrentó, como la falta de conocimiento profesional en el tema y la dificultad para equilibrar lo personal y lo educativo, él demostró paciencia, determinación y trabajo en equipo para superar cada obstáculo. A pesar del menosprecio que enfrentaron debido a su juventud, Alan sostiene que,
Pero el viaje de Alan está lejos de terminar. A medida que continúa aprendiendo y creciendo, comprende que ser un agente de cambio va más allá de ofrecer soluciones a problemas concretos. Para él, ser un agente es un compromiso arraigado con la transformación social y que, desde su perspectiva, esto implica un profundo reconocimiento de los privilegios que tiene y la consciencia de la responsabilidad que conllevan.
Alan entiende que el camino hacia el cambio comienza con una comprensión profunda de su propia realidad y una disposición activa para aprender de los demás. Reconoce que cada individuo tiene una historia única y experiencias diversas que enriquecen el proceso de cambio. Por eso, valora la empatía y la escucha como herramientas esenciales para conectarse con las necesidades y preocupaciones de los demás. Así, el trabajo en equipo se vuelve un pilar. Para Alan, “ningún cambio significativo se logra en soledad”.