Historia de Adrián Joav Martínez

Joav: simplemente así 

Adrián Joav Martínez.

En la adolescencia, a Joav le bastaba una invitación para moverse. Una exposición, una convocatoria, una actividad que alguien mencionaba de pasada. En su memoria aparece la frase que lo empujaba a dar el primer paso: “Ah, se escucha chido, voy a entrar.”

El problema que lo trae hasta aquí también nace de una observación sencilla. Después de la pandemia, Adrián ve a niñas y niños que se quedan atrás por la rigidez de ciertas dinámicas, por ambientes que se sienten poco seguros para equivocarse. Lo importante, para él, se parece menos a una etiqueta y más a una pregunta de diseño: cómo enseñar para que todas y todos puedan aprender juntos. Luego encuentra una idea que suena a motor interno, “con lo que yo hago puedo cambiar el mundo”. Joav crea Wilibots, con la convicción de construir experiencias inclusivas donde la robótica abra puertas en vez de cerrar posibilidades.

Joav se presenta con pocas palabras y sin pose. Si su iniciativa desapareciera por un instante, él seguiría siendo el mismo, “sería un estudiante de ingeniería mecatrónica apasionado por la robótica. Alguien que le gusta aprender, platicar… descubrir, conocer gente.” Esa combinación de curiosidad y conversación explica sus primeras acciones. En vez de esperar una preparación perfecta, se acerca, pregunta, prueba. Su manera de arrancar suele ser esa: entrar a tiempo, mirar de cerca, ajustar en el camino.

Joav Martínez
Fuente: Joav Martínez

Wilibots nace del diseño de una propuesta educativa que une robótica de código abierto y neuroeducación para que niñas y niños neurodivergentes y neurotípicos aprendan juntos, al mismo ritmo y en el mismo salón. El corazón del proyecto se llama Wiliberto: un robot impreso en 3D, inspirado en Otto y adaptado para el aula. Se arma y se desarma con cuatro tornillos, y se trabaja sobre un mantel interactivo que ayuda a ubicar piezas y sostener la atención. La historia didáctica se entiende rápido. Wiliberto percibe con sensores, aunque todavía necesita que el grupo lo guíe para decidir cómo reaccionar. La tecnología deja de ser un fin y se vuelve un puente hacia funciones ejecutivas y habilidades socioemocionales: memoria, autorregulación, cooperación, escucha, turnos, apoyo mutuo. Joav acompaña a escuelas y familias y traduce la práctica cotidiana en secuencias de aula que buscan hacer del salón un espacio lúdico seguro.

Ese crecimiento ocurre con aliados. Joav lo dice con un énfasis suave, sin fechas exactas, “ha sido mucho apoyo verdaderamente.” En Wilibots, el equipo se mantiene pequeño y funcional con cinco jóvenes impulsores y se abre a la colaboración con el Instituto de la Juventud y profesorado del Tec, quienes apoyan con asesoría en neurodiversidad, en la estructura de las sesiones y en cómo presentar proyectos. También hay un aliado que aparece siempre y se renueva en cada sesión: el propio grupo. Niñas y niños se convierten en guía de Wiliberto y, al hacerlo, aprenden a guiarse entre sí.

Joav Martínez
Fuente: Joav Martínez

“Me doy cuenta del impacto que voy teniendo.” El cambio se nota por señales fáciles de reconocer. Joav lo mide en el rostro de la gente, en palabras que llegan de vuelta, en el momento en que alguien se siente acompañado. “El impacto… en la cara de la gente… cuando… le agradecen”, dice. Los primeros pilotos ocurren en tres primarias con USAER y alcanzan a alrededor de 50 niñas y niños. Con FECHAC trabajan de agosto a diciembre con 24 participantes, evaluando por competencias. Las familias reportan cambios emocionales y mayor participación escolar, y las niñas y los niños piden volver a las sesiones. A la par, Joav con su equipo, obtienen el tercer lugar en Expociencias Estatal y representará a Chihuahua en la etapa nacional. Son avances que hablan de ejecución en aula y de resultados que empiezan a sostenerse.

El futuro ya tiene ruta. Joav planea sistematizar la experiencia en guías docentes, planes de sesión y rúbricas de habilidades. Busca validar y certificar con universidad o centro de investigación y, si se abre la posibilidad, con CONOCER o SEP. Quiere empaquetar un aula Wilibots que incluya kits, formación y acompañamiento. Quiere medir impacto con líneas base y seguimientos periódicos. También quiere escalar desde la comunidad de Jiménez hacia una red municipal y estatal con apoyo de FECHAC y del sistema de educación especial. La ambición se siente grande, aunque su lenguaje sigue siendo sencillo: probar, documentar, acompañar, expandir.

En esa expansión también hay tropiezos, intentos que fallan y sirven para aprender. Joav lo explica desde su experiencia participando en eventos. Para él, el primer intento puede ser ensayo. “Esta primera participación puede ser la de prueba”, dice, con una lógica que libera presión y empuja a moverse. Habla de entrar aun cuando el resultado se ve lejano, de buscar retroalimentación, de insistir. “A la siguiente edición… es cuando gano.” Esa forma de aprender por repetición aparece también en Wilibots. Pilotos pequeños, observación en aula, ajustes en materiales y dinámicas, roles del equipo que se afianzan, alianzas que se vuelven más firmes. El contratiempo deja de ser una señal de alto y se vuelve información para la siguiente vuelta.

Joav Martínez
Fuente: Joav Martínez 

Joav recuerda que de niño quería ser científico y que una invitación lo puso en movimiento. “Aquí… podría ser científico tal vez. Y ahí fue donde empecé.” En esa escena cabe su manera de mirar el cambio a temprana edad. El mundo se mueve rápido, las oportunidades llegan sin aviso, el aprendizaje se acelera cuando hay equipo, cuando hay cuidado, cuando hay espacio para equivocarse. Joav lo vive desde la flexibilidad. “Siento que voy fluyendo” con lo que pasa alrededor de su vida. Y cuando le preguntan cómo se siente esa forma de avanzar, responde con una ligereza que se contagia, “feliz, diversión, este, cero estrés.”

Joav se queda con una idea que suena a promesa personal y a regla de navegación. Al mirar sus decisiones, sostiene, “tomé la decisión que me iba a ayudar a aprender y a mejorar.” Esa frase termina contando su historia sin necesidad de adornos. Una decisión que aprende. Una decisión que incluye. Una decisión que se comparte en un salón donde todas y todos pueden avanzar.