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Por qué nuestro antiguo modo de aprendizaje no podrá ayudar a las nuevas generaciones... y lo que usted puede hacer al respecto

 

La re-imaginación del aprendizaje deberá comenzar con una mejor comprensión del mundo que nuestros niños y jóvenes tendrán que enfrentar. Para esto se requiere, en primer lugar, una seria revisión de la realidad. La mayoría de nosotros ve un mundo muy diferente del que realmente espera a nuestros jóvenes. Vemos el mundo en que entramos, no el que ellos heredarán. De hecho, los dos mundos son, en muchos sentidos, opuestos polares y cada uno requiere un conjunto de habilidades y perspectivas muy diferentes. Estoy seguro de que a medida que entendamos la diferencia, los individuos y la sociedad en su conjunto harán los ajustes necesarios para preparar a nuestros hijos como corresponde.

En la articulación de las diferencias, me centro en un elemento clave: el cambio. Pero no me refiero al cambio derivados de la tecnología o las innovaciones en la ciencia, ni siquiera hablo de la rapidez del cambio, lo cual suena cada vez más cliché; sencillamente pongo de relieve la naturaleza del cambio. En concreto, de los cambios en la organización social, que están transformando la faz y la complejidad del mundo en que nuestros hijos deben aprender a vivir. Transformaciones tan sutiles como drásticas.

Durante muchas generaciones, nuestras sociedades han tenido un enfoque exclusivamente compartimentado para abordar los problemas y encontrar oportunidades; en que el ambiente de trabajo moderno, esto podría ser descrito como "departamentalización". Ha sido un mundo de divisiones definido por la jerarquía, la repetición y la eficiencia. Sin embargo, nuestras instituciones se ven hoy abrumadas con la velocidad y la dificultad de los retos que enfrenta nuestro sistema de "un-líder-a-la-vez". Esto ha resultado en la apertura a una forma de organización más horizontal, líquida y característicamente híbrida. Debido a este cambio, cada vez más y más individuos tenemos la oportunidad de interactuar y participar plenamente.

Es un patrón que refleja lo que he visto en lugares de trabajo que, de manera similar, han hecho la transición de los sistemas de divisiones a los sistemas fluidos. Basado en mi experiencia como gerente, cuando se derrumban los muros de protección en el interior de una organización, los empleados en los peldaños medio e inferior tienen la oportunidad de liderar. Curiosamente, en un ambiente donde  "todos somos líderes", se forman equipos fluidos capaces de cruzar las antiguas fronteras para resolver problemas complejos y aprovechar esas oportunidades fugaces que se presentan en un entorno de cambios rápidos. Además, a medida que evoluciona el ámbito de cada reto o conjunto de situaciones, también evolucionan los equipos. De este modo, el valor añadido en este ecosistema de  "Equipos de equipos" es el nuevo equipo que se añade en cualquier momento para satisfacer la siempre cambiante naturaleza de problemas y oportunidades.

Esta nueva realidad tiene implicaciones en las necesidades de aprendizaje de los jóvenes de hoy. En primer lugar, las habilidades necesarias para navegar en un mundo basado en la transacción son muy diferentes de las que se necesitan en un mundo basado en la interacción. En un mundo donde el éxito dependerá cada vez más en la colaboración y la contribución, debemos ayudar activamente a todos los niños a comprender y practicar la empatía.

En segundo lugar, en esta nueva era en la que todos somos líderes, es necesario cambiar nuestro pensamiento colectivo en cuanto al liderazgo. El liderazgo en este contexto no es lineal, es omnidireccional, y "requiere estar consciente de los otros." Con esto en mente, el aprendizaje de las nuevas generaciones debe adaptarse de modo que los adolescentes puedan practicar la empatía, el trabajo en equipo, el nuevo liderazgo y cómo ser agentes de cambio.

Por último, en un mundo donde todos participan, la velocidad del cambio aumentará exponencialmente comparada con nuestro pasado de un-líder-a-la-vez. Por lo tanto, nuestros jóvenes deben tener la capacidad para dominar el cambio. La capacidad de derribar los muros y unir equipos, será la habilidad del futuro. Con este fin, las cualidades del Agente de Cambio (una mente innovadora, un corazón de servicio, un espíritu empresarial y una perspectiva de colaboración), serán las nuevas cualidades ideales.