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Bill Drayton

 

En la escuela primaria no podía imaginarme por qué estaba siendo torturado con clases de latín o matemáticas, y mi noción del fútbol era básicamente la de chocarme con todo el mundo.
Pero amaba empezar cosas, especialmente periódicos. Una vez que pude ahorrar lo suficiente para comprar un mimeógrafo (mi tecnología previa consistía en teclear a máquina fuertemente con tantas hojas de papel carbónico como fuera posible), fui imparable.

La lógica de producir lo que se convertiría en un periódico de 32 y luego de 50 páginas con una red de escritores y una circulación mucho más allá de mi colegio también era irresistible. Tenía que salir a buscar publicidad, y tenía que organizar colaboraciones en muchos lugares. Todo esto resultaba obvio para mí, pero significaba no estar siempre donde tenía que estar.

Muchos años más tarde, cuando mi madre murió, encontré correspondencia suya con el director de la escuela. Esas cartas reflejaban que estaba más que un poco preocupada. (“¿Por qué mi hijo de quinto no está ni en la escuela ni en casa?”) Sin embargo, el director, pacientemente, y a fin de cuentas con éxito, argumentaba que todos debían confiar en mí. De hecho, sugería: “Ni siquiera le muestre que está preocupada.”

¡Bendito sea!


Cuando un joven ha tenido un sueño, armado un equipo, y cambiado su mundo, él o ella tiene el poder de expresar amor y respeto en acción. Eso está en el corazón de la salud, la longevidad y la felicidad.

Serán impulsores de cambios de por vida. Es decir, contribuirán realmente a un mundo en el que el valor provenga cada vez más de generar cambio, y no, como ha sucedido durante milenios, de la eficiencia en la repetición. No es casualidad que más del 80 por ciento de los 3.000 emprendedores sociales líderes miembros de la red de Ashoka hayan empezado su actividad en su adolescencia. Más de la mitad de ellos han acabado cambiando políticas nacionales en los primeros cinco años de sus proyectos.


Ashoka y yo creemos que el debate sobre la reforma educativa ha perdido el tren desde hace tiempo. Está principalmente enfocado en el acceso a escuelas organizadas alrededor de un conjunto de objetivos desactualizados, y dominadas por una serie de conocimientos y reglas. Eso tiene sentido en un mundo estático, pero no en uno que está definido por un cambio cada vez más acelerado.

Ahora debemos asegurarnos de que toda esta generación de jóvenes sean impulsores de cambio antes de los 21 años. Eso significa que deben dominar las habilidades clave para generar cambio: empatía, trabajo en equipo, liderazgo compartido, creatividad...
La única manera en la que pueden hacerlo es practicar y practicar, siendo, de hecho, creadores de cambio.

¿Cuántos directores de colegio de hoy en día saben que están ante un campo de juego muy diferente?

This article was originally published on 19 June 2017
Related TopicsChildren & Youth Education / Learning Youth development Youth leadership Civic Engagement Journalism

Author

As a student, he founded organizations ranging from Yale Legislative Services to Harvard’s Ashoka Table, an inter-disciplinary weekly forum in the social sciences. He launched Ashoka in 1981. He used the stipend received when elected a MacArthur Fellow in 1984 to devote himself fully to Ashoka. In 2005, he was selected one of America’s Best Leaders by US News & World Report and Harvard’s Center for Public Leadership. Other awards include the Yale Law School’s highest alumni honor, the National Wildlife Federation’s Conservation Achievement Award International; and the National Academy of Public Administration National Public Service Award. As one of three members of the Leadership Team, his special responsibilities are leadership of the new group entrepreneurship and social financial services programs as well as staff search and marketing functions.

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